¿Te da miedo patinar?



Un poco de miedo ayuda en la medida en la que evita cometer locuras y ponerse en riesgo tontamente. Pero hay muchos patinadores mayorcitos que no llegan a soltarse porque patinan con miedo. Eso evidentemente es un círculo vicioso: Como les da miedo, no se sueltan y como no se sueltan no logran patinar con soltura, y como no patinan bien se caen y tienen miedo …

Como en todo, cuando el miedo impide progresar, hay que enfrentarse a él y darle una patada en el culo. Así, sin más.

Lo que más  asusta suelen ser las posibles lesiones, la falta de control y el ridículo. No quieres que esa u otra personas te vean como un pato mareado sobre ruedas y se rían de ti.

Bueno, pues aquí van algunos consejos para perder el miedo a los patines.

Primer quitamiedos:

A nadie se le han caído los anillos por llevar protecciones: Rodilleras, muñequeras, codilleras, casco y a ser posible pantalón o maillot con culera.

Para mitigar posibles rozaduras basta con llevar manga larga y vaqueros o pantalones de lona que no opriman. Igual los rompes, pero no te dolerá tanto. Hay protectores para patinaje como los que se llevan en el hockey.  Si vas a dar saltos también viene bien un protector de boca o barbilla.

En resumen: ¡Ponte  los protectores!

Segundo quitamiedos:

¿Controlas tú a tus patines o tus patines te controlan a ti?

Aprende un poco sobre tus patines y así no te jugarán ninguna pasada. Un poco de mantenimiento y algunas rutinas como atar bien los cordones, no dejar cabos sueltos y repasar los tornillos de cuando en cuando vienen bien para confiar en el equipo. Hay deportes en los que la confianza en el equipamiento es vital, como la espeleología. En el patinaje basta con saber que no se te van a salir las ruedas rodando y que el freno está donde debe. A mí se me torció una guía y alguna caída me costó darme cuenta de que no iba fino el patín.

Tercer quitamiedos:

Las caídas por sorpresa asustan mucho. Nadie se cae por gusto y realmente casi todas las caídas son por sorpresa, pero algunas más que otras. Las típicas caídas sorpresa están causadas por cosas como cableado en el suelo, una reja de alcantarilla, una mancha de aceite o un impedimento repentino (gatos, perros, niños). Lo que más molesta además es cuando no consigues levantare. Pero no se gana nada con el miedo a las caídas, y menos aún antes de caerse. Practica las caídas, las frenadas, levantarte con el impulso de la caída y las posiciones de seguridad. Una buena base es haber practicado algún arte marcial y tener el reflejo de rodar por el hombro cuando se cae hacia atrás.

Cuarto quitamiedos

Hacer el ridículo es algo que aterra a muchas personas. Aunque no lo digan. Bueno, aquí no hay más remedio que acordarse de que nadie nace sabiendo. Todos esos cracks que ves por ahí empezaron igual que tú. Piensa en ello y ríete cuando hagas alguna barbaridad, verás que la risa se convierte en cómplice. Imagina que eres la nueva estrella de la comedia y verás cómo reírse de uno mismo es la mejor medicina y el ingrediente secreto para que alguien corra en tu ayuda. Así evitarás las heridas en tu ego.

Quinto quitamiedos:

Baja el listón de tus expectativas. Si tienes más de 40 años, no esperes conseguir lo que un veinteañero. Si te sobran 20 kilos, no quieras correr una maratón a las 3 semanas de patinar. No por ponerte una meta y castigarte hasta conseguirlo serás mejor patinador. Un plan razonable, realista y generoso contigo mismo te ayudará a subir la moral a pequeños pasos. Ponerte metas demasiado ambiciosas puede frustrar antes de tiempo. Practica a tu propio ritmo, no dejes que te mareen con consejos sabiondos y haz las cosas a tu manera. Con el tiempo progresas de forma imperceptible y puedes estar orgulloso de haber conseguido algo acorde a tus posibilidades.

Última medida quitamiedos

Suena a catequesis, pero es verdad:  Reír y cantar son la mejor medicina contra el miedo. NO hace falta rezar, aunque para quien le sirva ….

Por cierto, está científicamente demostrado que cantar y sentir miedo es excluyente a nivel neuronal. Así que, mientras canturreas una cancioncilla, neutralizarás tus miedos. Cuando deje de temblarte la voz, estarás cómodo con lo que haces. Y al revés, cuando notes ansiedad, ponte a cantar.

Una perogrullada: En todas partes cuecen habas. Así de simple. Todo el mundo se cae, hace alguna animalada y acaba dando saltos sobre la hierba en algún momento. Y te aseguro que cuanto más aventajado el patinador, más espectacular la caída. Esto son los momentos memorables de los que te acordarás durante años. Si te entra la risa floja cuando acabas de hacer alguna animalada, vas por buen camino.

 

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